Frases de Aristóteles

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Aristóteles fue un filósofo griego cuyos escritos abarcaban desde la ética, la estética, la lógica, la ciencia, la metafísica hasta la política. Nacido en el año 384 a.C. en Estagira, situada a 55 kilómetros de lo que se conoce actualmente como Salónica, era hijo de Nicómaco el cual fue médico del Rey  de Macedonia.

Citas y frases famosas de Aristóteles

Por eso el que ama los mitos es en cierto modo filósofo, pues el mito se compone de elementos maravillosos.

Pues de que en unos entes haya y otros se produzca lo bueno y lo bello sin duda no es causa ni del Fuego ni de la Tierra ni ninguna otra cosa semejante, ni probablemente aquellos lo creyeron. Y tampoco estaría confiar en la casualidad y al azar tan gran empresa.

La investigación de la verdad es, un sentido, difícil; pero en otro, fácil. Lo prueba el hecho de que nadie puede alcanzarla dignamente, ni yerra por completo, sino que cada uno dice algo acerca de la naturaleza.

Además, es evidente que está en mejores condiciones para juzgar aquel que ha oído, como si se tratase de un litigio, todos los argumentos opuestos.

Pues cuantos son los modos en que se dice, tantos son los significados del ser.

Y todas estas cosas se llaman sustancias porque no se predican de un sujeto, sino que las demás cosas se predican de éstas.

Pues se llama universal aquello que por su naturaleza puede darse en varios.

Lo que tenemos que aprender a hacer, lo aprendemos haciéndolo.

Se puede amar a los amigos y a la verdad, pero lo más honesto es dar preferencia a la verdad.

La amistad es lo más necesario de la vida.

El hombre es por naturaleza un animal social.

La naturaleza no hace nada en vano.

La ciudad es por naturaleza anterior a la casa y a cada uno de nosotros, porque el todo es necesariamente anterior a la parte.

El que no puede vivir en sociedad o no necesita nada por su propia suficiencia, no es miembro de la ciudad, sino una bestia o un dios.

Es mejor que la soberanía descanse en la ley.

En las argumentaciones utilizamos las palabras en lugar de las cosas porque no podemos disponer de las cosas mismas.

A tal punto llega la perversidad del hombre, que sus deseos son insaciables. Primeramente, se conforma con dos óbolos, pero apenas los posee, aspira a tener más, y su avidez va creciendo sin cesar. La naturaleza de esta pasión no conoce límites, y la mayor parte de los hombres sólo vive para satisfacerla.

Todos los hombres desean por naturaleza saber. Así lo indica el amor a los sentidos; pues al margen de su utilidad, son amados a causa de sí mismos, y el que más de todos el de la vista.

Por eso las artes matemáticas nacieron en Egipto, pues allí disfrutaba de ocio la clase sacerdotal.

Pues los hombres comienzan y comenzaron siempre a filosofar movidos por la admiración.